Hablando de trabajadores privilegiados, todo el mundo recuerda los derechos de los cuatro millones de españoles que volaban el puente, pero pocos defienden los de los cuatro millones y medio que no pueden volar.
Las acusaciones de traición contra Julian Assange, que formulan sin descanso tanto oligarquía como parte de la opinión pública de América, sólo se sustentan desde su habitual visión egocentrista del Universo, la que les permite vivir de espalda a la realidad de que hay otros países, otros idiomas, otras leyes.
Incluso en la democracia más pura, la de Pericles, hay personas que no participan: mujeres, esclavos, y metecos. Extranjeros con todos los deberes, pero sin derechos. Este sistema en el que vivimos, y que solamente comparte con el original un nombre interesado, no va a ser menos. Puede acusarnos de un delito que, por definición, solamente pueden cometer sus ciudadanos, pero sin concedernos la ciudadanía.
Para los americanos, los que vivimos fuera de sus fronteras geográficas somos terráqueos de segunda. Los análisis de su diplomacia son en muchas ocasiones muy cercanos a los de los exploradores coloniales que parodiaba magistralmente Borges en "El informe de Brodie"; como en el relato, la descripción de los salvajes termina reflejando los prejuicios miserables del observador. Habría que explicar, una vez más, al misionero de turno que estos salvajes, aunque no se acuerden, son los que construyeron las catedrales que tienen al lado, y que originaron todos los ideales que su país ha pervertido para después venir a vendérnoslos transformados en bisutería.
Y después echarle a la olla y comérselo.
"El pasajero muerto en Barajas por un infarto a las 20.00 horas ha fallecido al bajar del avión que le traía procedente de Cuba, por lo que, en principio no se ha visto afectado por la crisis de los controladores. Informa Francisco J. Barroso."
Que suerte tienen algunos, ¿eh, Francisco? ¡De la que se ha librado! Por cierto, felicidades por tu santo.
Amigas y amigos, bienvenidos a la nueva Internet 3.0 mejorada, ahora un 20% más en cada paquete.
Internet 1.0 iba de que el usuario recibía información. En 2.0, aportaba información. 3.0 es "abre la boca y cierra los ojos, tranquilo, no te dolerá".
Probablemente, estamos ante la primera vez en que un gobierno consigue que un proveedor de dominios revoque unilateralmente un contrato con un usuario sin que se le acuse formalmente de nada. Como en las guerras modernas, en las que no se declara la guerra para no tener que firmar la paz cuando se ha acabado. La gota que colma el vaso del cinismo, en este caso, es la declaración de EveryDNS(*), afirmando que se le expulsa para salvaguardar la seguridad del resto de sus clientes ante el ataque masivo que está sufriendo. Es decir, le están dando las del pulpo en tu local y tú lo echas a la calle para que le apaleen sin que a tus parroquianos les salpique la sangre. ¿Alguien que tenga los datos me podría decir a cuántas webs terroristas o pedófilas se les ha retirado el dominio?
El famoso poema de "cuando vinieron a por mí, no quedaba nadie" sigue tan vigente ahora como cuando se escribió. Hoy es wikileaks, mañana vas a ser tú. Ya Wired lo apuntaba hace meses, el navegador web está en decadencia... porque es una molestia para lo que hoy domina Internet: el marketing y las empresas. En la loca carrera hacia el monopolio que anima a todas y cada una de las multinacionales (independientemente de su área de negocio), cuando el usuario se pasa un rato leyendo foros o buscando cosas por libre, no hace sino apartarse del tubo por el que se le fuerza a consumir determinado producto material o intelectual. El futuro de Internet, a ojos de la empresa, pasa por una serie de apps que nos faciliten nuestra ración de juguetes o de entretenimiento, de modo que ni un céntimo ni un segundo de nuestro tiempo escape de su bolsillo. Necesitamos la app de facebook, la app de Amazon, la app de Youtube, la app del Marca y una de porno. Todo lo demás sobra en el escaparate. Y ni siquiera hace falta retirar el navegador, se mete en el almacén con FidoNet y las BBS, que por ahí siguen sin que casi nadie les haga caso.
Vosotros seguid preguntandoos quien paga a Assange, que con un poco de suerte es la última pregunta que tenéis que haceros. ¿Cómo era aquello tan bonito de que un sabio señala el sol con el dedo y un tonto se queda mirando el dedo? Pues eso.
(*) En el momento de escribir estas líneas, EveryDNS está caído. Estarán protegiendo a sus clientes o algo así.
Edito 15:46: EveryDNS está de nuevo disponible, y efectivamente le echan la culpa de todo al agredido, no al agresor:
"EveryDNS.net provided domain name system (DNS) services to the wikileaks.org domain name until 10PM EST, December 2, 2010, when such services were terminated. As with other users of the EveryDNS.net network, this service was provided for free. The termination of services was effected pursuant to, and in accordance with, the EveryDNS.net Acceptable Use Policy.
More specifically, the services were terminated for violation of the provision which states that "Member shall not interfere with another Member's use and enjoyment of the Service or another entity's use and enjoyment of similar services." The interference at issues arises from the fact that wikileaks.org has become the target of multiple distributed denial of service (DDOS) attacks. These attacks have, and future attacks would, threaten the stability of the EveryDNS.net infrastructure, which enables access to almost 500,000 other websites.
Thus, last night, at approximately 10PM EST, December 1, 2010 a 24 hour termination notification email was sent to the email address associated with the wikileaks.org account. In addition to this email, notices were sent to Wikileaks via Twitter and the chat function available through the wikileaks.org website. Any downtime of the wikileaks.org website has resulted from its failure to use another hosted DNS service provider."
Un delito que justifica que la Interpol te detenga en 188 países del mundo. Me preocupa cómo se las arreglarán los católicos suecos, arrinconados entre los dictados del Papa y los de la ley (que no justicia) de su país.
Así de gráficamente resume el titular de un artículo de El País las intenciones del Congreso de EEUU. Me parece sintomático que, a estas alturas de la película, los dirigentes estadounidenses, tan ignorantes de los mecanismos con los que funciona Internet como los nuestros, sigan pensando que van a ganar esta batalla y no se den cuenta de que hay todo un universo fuera de su control más allá de las vallas de su corral. Mejor harían aceptando su parte de culpa, depurando responsabilidades, blindando sus sistemas y reconociendo de una vez que los actos ilegales o alegales los han cometido ellos mismos y el gobierno al que representan.
Pero no, mejor retiren ustedes el dominio wikileaks.org; consigan que todos los gobiernos del mundo (incluso esos malísimos de la muerte de los que ustedes nos protegen) bloqueen el acceso a las sucesivas IP que el equipo de Assange y sus partidarios vayan contratando; y, al final, conseguirán liberar un torrent con todos los documentos que ahora se censuran que vaya pasando imparable las redes P2P. El twitter de WikiLeaks lo decía bien claro hoy: "WikiLeaks is the first global Samizdat movement. The truth will surface even in the face of total annihilation."
Esto se puede ignorar, pero no se puede parar.
Fin de año difícil para muchos. Particularmente para los defensores de la soberanía nacional: de cualquier soberanía. El asunto de wikileaks, el mismo por el que a fecha de hoy pasan tan de puntillas los medios excluídos en el reparto de cables, pone en entredicho nociones tan arraigadas en nuestro inconsciente occidental como la independencia de las naciones, e incluso que esto que llamamos orgullosamente democracia sea más que una pantomima de títeres.
Nada que no se intuyera previamente: pero hasta el observador más cínico no puede menos que sorprenderse ante la profusión de datos, fechas, nombres y detalles con la que los encargados de salvaguardar los intereses de América (vamos a llamar al imperio como les gusta llamarse a sí mismos) recogen en cada informe transmitido a la base central. Informes que transmiten la servilidad con la que más altas instituciones de los estados acuden raudos a la llamada del representante americano, dispuestos a deshacerse en explicaciones sobre todos sus movimientos; algunos de ellos casi imperceptibles a ojos de sus súbditos, pero que no escapan al intenso escrutinio del embajador de turno. Gente que, en el vis à vis, no duda en situarse al margen de la legalidad que defiende ante las cámaras.
Se podía leer ayer que uno de los términos más mencionados en los informes (al menos en los que se refieren a políticos y personalidades españolas) es "behind the scenes", "entre bastidores"; porque, en este mundo obsesionado por la imagen, lo importante es la apariencia, no el hecho. "Que parezca un accidente", como viene a decir Tom Flanagan cuando pide la cabeza del mensajero, o como diversas autoridades directamente implicadas en las revelaciones cuando piden airadamente que se incluya a Wikileaks ni más ni menos que en la lista de organizaciones terroristas.
Parece mentira que juristas eminentes tengan que recordar que Assange no ha cometido, en este caso, ningún delito. No tiene la culpa de nada. No es un hacker. No se ha infiltrado en ninguna red. Es un mero receptor / transmisor de información, que hace bueno el famoso lema de "information wants to be free" en su faceta menos relacionada con la economía. Defender, como defienden algunos, que tanto información como transmisor no sean desinteresados, no es sino una cortina de humo para intentar esconder las vergüenzas expuestas al sol. Vergüenzas que dan mucho asco.
Como asco da que mercaderes de cultura como Amazon se quiten la careta y procedan a expulsar de sus servidores a Wikileaks. Un comportamiento impropio del que no tiene nada que ocultar, y que, en buena ley, debería ser castigado con un directo a la caja registradora de cara a estas navidades.
Amazon: el Burn A Kindle Day se acerca. Ya veréis qué risa.
(Continuará...)
Miedo a un planeta vago.
Miedo a un planeta cómodo.
Miedo a un planeta que para qué va a protestar.
Miedo a un planeta que va a lo suyo.
Miedo a un planeta que no se preocupa.
Miedo a un planeta que mira para otro lado.
Miedo a un planeta en el que la minoría estorba.
Miedo a un planeta que persigue al distinto.
Miedo a un planeta que no cede el asiento.
Miedo a un planeta que lo quiere para ayer.
Miedo a un planeta que lo deja para mañana.
Miedo a un planeta orgulloso de todo lo anterior.
Miedo a un planeta gris.

